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¿Cómo influye la meteorología y el terreno de juego en un partido? (1)

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Algunas circunstancias como la meteorología, el estado del terreno de juego y sus dimensiones son aspectos que pueden influir en un partido de fútbol y son para tenerlas en cuenta, y cuando llegan inoportunamente hay que estar preparados.

El fútbol se juega al aire libre, y la meteorología es parte del juego. Quiere decir, que lo mismo que cuando sabemos que va a llover cogemos el paraguas, debemos tener un planteamiento y unas ideas preparadas para cuando el tiempo no es favorable.

A nadie le gusta jugar cuando el campo esta encharcado, nevado o embarrado (afortunadamente esto se da cada vez menos), pero el hecho de tener que adaptarse a una superficie cambiante y distinta, mejora la adquisición de habilidades tanto técnicas en ejecución como físicas de estabilidad y capacidad de sobreponerse al terreno, y la más importante, encontrar las soluciones para ser más eficaz que el contrario.

Lo decía un clásico argentino "el fútbol en el barro, es solo barro". En el fútbol, lo único que la climatología adversa cambia es la forma de jugar y las acciones de los jugadores, pero el futbol sigue siendo igual, con las mismas reglas, porterías, dimensiones, etc. La salvedad viene de la variación de la técnica de ejecución y de las tomas de decisión.

En este artículo vienen algunos consejos para poder rendir a buen nivel sin que la meteorología ni el estado o dimensiones del terreno de juego nos afecte demasiado.

A.- FACTORES METEOROLÓGICOS:

1.- Jugar a favor del sol:

Según a la hora en la que empiece el partido, es recomendable que siempre se escoja, (si se gana el sorteo inicial), la portería en la que a tu portero no le dé el sol puesto que en la segunda parte quizá este haya desaparecido y no tendrá ningún problema al respecto, mientras que para el otro portero ha sido una desventaja.

El guardameta o el defensor adversario pueden ser deslumbrados por el sol en el caso de ciertos balones aéreos y por lo tanto los delanteros deben estar atentos y aprovechar esta desventaja del adversario, sobre todo en despejes largos de su propia defensa y en los pases en profundidad.

Los delanteros en los centros y balones altos deben estar pendientes del posible fallo del guardameta.

2.- Jugar en contra del sol:

En vista de los riesgos de deslumbramiento, es necesario asumir en permanencia las coberturas mutuas.

El guardameta debe ser objeto de una protección particular de parte de sus defensores. Necesidad de llevar gorra con visera.

Es preferible jugar a ras de tierra.

3.- Jugar a favor del viento:

El viento normalmente siempre va a ir hacia una misma dirección, por lo que los dos equipos se verán beneficiados en algún momento o parte del partido.

Si se está seguro de que el viento va a soplar por igual durante todo el partido, es mejor elegir el viento en contra, ya que nuestros jugadores se acostumbraran a jugar con este problema y en la segunda parte rendirán más al tenerlo a favor.

Si sólo son algunas ráfagas de viento intermitente, es interesante escoger primero el campo con el viento a favor por si este amaina.

Tener el campo con el viento a favor, da mucha mayor potencia a los despejes y a los tiros, en cambio tirar a puerta con mucho viento en contra o despejar, es muy difícil.

Como el balón adquiere velocidad, hay que tratar de disparar a menudo desde lejos. Al golpear el balón en forma adecuada, el jugador debe evitar que éste se eleve, pues el viento acelera dicho movimiento.

Deberá acentuarse la búsqueda del tiro a ras de suelo con gran determinación, lo que provocará, cuando la ocasión se presente, un tiro espontáneo y muy difícil de interceptar.

Además, aumentará el riesgo de ver al guardameta soltar el balón, por lo que todo tiro deberá ser seguido por un atacante.

La circulación del balón deberá hacerse a ras de tierra y a los pies.

Los pases en profundidad tendrán que ser dosificados, a fin de evitar que adquieran mucha velocidad.

4.- Jugar contra el viento:

Hay que utilizar el juego a ras de tierra, corto y preciso.

Mediante una buena protección de la zona defensiva, se impedirá que los atacantes queden en posición de tiro.

Se deben seguir todos los tiros del adversario, a fin de despejar cualquier balón soltado por el guardameta.

Cuando su equipo domine, el guardameta no debe dudar en salir en el caso en que el adversario juegue el balón en profundidad. Sin embargo, tendrá mucho cuidado con los pases hacia atrás de un compañero y no deberá dejar nunca su portería sin protección, ya que este pase, en principio anodino, puede tomar, a causa del viento, una velocidad y una trayectoria imprevistas.

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