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¿Cómo dirigir un equipo de fútbol base? (3)

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- Cuando un grupo de amigos establece distancias en relación con otros integrantes del mismo equipo, rompe la unidad de ese equipo y dificulta la tarea del entrenador hasta límites insospechados. Cuando el grupo de amigos favorece sólo sus propios intereses y esa preferencia se hace ostensible en el terreno de juego, la tarea de dirigir a ese equipo se hace poco menos que imposible. Cuando los grupos de amigos no son exclusivistas, y aun marcando sus legítimas relaciones más íntimas, acogen sin distinción a todos los demás grupos en torno a la unidad del equipo, la tarea de dirigir al equipo no debería presentar ningún inconveniente.

- Decir juego limpio es aceptar iniciarse en el mundo del fútbol sin marrullerías, sin trampas, sin el recurso a la violencia que destruye al contrario. Es, sobre todo, reconocerse cada uno como un ser humano que acepta voluntaria y éticamente las reglas de un deporte llamado fútbol.

- El entrenador, además de reprimir ese juego violento, como uno de sus cometidos desde una opción negativa de su responsabilidad en la dirección de equipos, y de estimular positivamente la práctica del juego limpio como condición indispensable de su hacer ético, enseñará a los niños la interpretación recta de las reglas de juego que les permitan aprovecharse de cuantas ventajas conceden a los futbolistas.

- Los futbolistas inteligentes, los mejor preparados, no sentirán la necesidad de recurrir a las conductas violentas para hacerse un nombre en el fútbol.

- Si a los jóvenes se les enseña, y se les exige, el respeto a su entrenador como a su educador futbolístico, y nadie pone en duda el valor de esta relación, que representa, por otra parte, uno de los fundamentos de la dirección de los equipos, ¿por qué no inculcarles, dentro del mismo marco de valores humanos, el respeto hacia los árbitros?, ¿acaso los árbitros no dirigen el juego, no llevan a cabo una auténtica dirección de los equipos?

- A los árbitros se les exigirá el sello de su imparcialidad responsable y la autencidad de su calidad humana y técnica. Los futbolistas infantiles y juveniles tienen que valorar la dificultad que reviste la tarea de los árbitros. Y tienen que comprender, la diferencia que existe entre la imposibilidad de que los árbitros rectifiquen sus fallos y las reiteradas oportunidades que asisten a los futbolistas para que ellos sí puedan enmendar sus errores.

- El primer reto del director de equipo será encontrar los modos de integrar a todos en su equipo. Encontrar fórmulas de unión para que cada uno deje de pensar en sí mismo y piense, lo antes posible, en nosotros.

- Hay que lograr que todos los que pertenecen a ese equipo adquieran en seguida, ese sentimiento de solidaridad, que no es ni más ni menos que el resultado de un trabajo en común, que alcanza como su resultado más preciado, el que existe una identidad colectiva, llamada equipo, que urge a todos por igual.

- El fútbol no es una exhibición personal de una cierta maestría de gestos que se ofreciera al aplauso de los aficionados, sino la tarea colectiva que manifiesta la armonía de un sistema de relaciones de todo tipo.

- El entrenador se ganará la confianza de todos sus jugadores tan pronto como demuestre que cuenta con ellos para todo. Pero tendrá que acercarse él primero a los demás, como lo acabamos de decir, puesto que los niños, a estas edades tan tempranas de su responsabilidad deportiva, no disponen de razones suficientes para iniciar un diálogo continuado.

- Muchos de ellos llegarán al equipo desde sitios y ambientes distintos, y al llegar allí, a un grupo diferente del que proceden, se encontrarán solos, inseguros, con el miedo lógico a no ser tenidos en cuenta si no destacan en seguida. La soledad coarta sus posibilidades de integración y de no encontrar, cuanto antes, el apoyo comunicativo de su entrenador, optarán por abandonar sus ganas de jugar al fútbol, o seguirán a remolque en medio de un sinfín de inconvenientes difícilmente superables.

- Antes de iniciarlos en los secretos del fútbol, antes de impartir las primeras lecciones sobre el concepto del juego o sobre el control del balón, deberían los entrenadores crear el clima comunicativo que aglutinara a todos los niños que integran el equipo.

- La sabiduría de un entrenador no se mide únicamente por el caudal de conocimientos teóricos y prácticos, relacionados directamente con el concepto del juego, del entrenamiento y de la competición.

- Hay algo también que justifica y define la categoría de cualquier entrenador, en cualquiera de las etapas del fútbol, y es su talante comunicativo, su capacidad de sintonizar con todos, de dar respuestas a todos, de evitar los silencios, de tener palabras oportunas en cada momento para cada uno de sus jugadores.

- El entrenador no debe dar nada por supuesto.

- Hay que conseguir que las palabras aporten convencimiento, claridad de percepción, expresión sincera.

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