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¿Cómo dirigir un equipo de fútbol base? (1)

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Los futbolistas y el equipo aceptarán de buen grado las directrices de los técnicos si comprueban que los conducen a su éxito personal y grupal. No rechazarán lecciones que nazcan de un acertado planteamiento directivo, por muy exigentes que sean.

- Los futbolistas infantiles y juveniles, en edades de aprendizaje y de consolidación de lo aprendido, no son sujetos pasivos a los que se les impongan, por la fuerza de la autoridad, unos modos teóricos de comportarse en el fútbol. Son sujetos pasivos, sí, porque son receptivos y con ganas de aprender, pero son sujetos activos, también, dotados de una personalidad creadora que es necesario respetar y estimular.

- La preocupación obsesiva por los resultados es un aspecto que sometemos a la consideración del entrenador en estas edades. Los niños, siguiendo otros modelos que se les proponen desde el mundo de los adultos, aprecian más el éxito inmediato que el proceso de aprendizaje, que es lento.

- El niño quiere competir cuanto antes, quiere evidenciar su talento sin esperar que su categoría futbolística se asiente sobre un fundamento más consistente, quiere buscar aparecer ante los demás antes que procurar ser mejor y le comen las prisas por demostrarse que sabe ganar un partido.

- Nunca se dará por concluido el aprendizaje y la mejora en el fútbol.

- El hecho comunicativo es tan esencial en la vida de los grupos, que todo esfuerzo por mantenerlo vivo nos parece de suma importancia. Si algo entorpece, lo que sea, ese intercambio de opiniones entre el entrenador y sus jugadores, debería ser solucionado a la mayor brevedad posible, hoy mejor que mañana.

- Todo entrenador que se encuentra al frente de un grupo humano, se responsabiliza, en una palabra, de ese equipo al que orienta según un determinado plan de acción y de pensamiento. Y serán estas ideas y estas decisiones las que le definan a él en su trabajo de todos los días.

- Ser, por tanto, competente equivale a ser buen conocedor, en la teoría y en la práctica, de todos aquellos mecanismos que posibilitan hacerse cargo de un grupo de niños a quienes les gusta el fútbol y acuden a él por diversos motivos, como pudieran ser la diversión durante un tiempo de juego, o la ocasión de encontrarse con unos amigos, o la oportunidad de forjarse un futuro.

- Su capacidad de liderazgo, o de constituirse como centro de referencia y coordinación de todos los integrantes del equipo y de todo lo que se realice en el equipo.

- Su capacidad de apropiarse las iniciativas de todos los demás componentes del equipo, e integrarlas en el esfuerzo común de todos.

- Un entrenador, como director competente de equipo, sería un técnico que mostrara un perfil: emocionalmente estable, extrovertido, equilibrado, capaz de organizar un grupo humano, comprensivo de las personas que le rodean, autocrítico, profundamente motivado hacia su quehacer cotidiano. Conciliador de las distintas formas de ser que surjan en el seno de su equipo, estudioso de los asuntos que se relacionan con el fútbol, seguro de si mismo, suficiente, para orientar hacia los jugadores su energía creadora.

- Hay que estar muy seguros de si mismos para convencer a los demás de su competencia, muy contrastadas sus dotes personales mediante los continuos exámenes y revisiones críticas, y muy firmes en sus conocimientos técnicos y humanos, como para seguir siendo fiel a sus métodos y a sus ideas. La seguridad en su mismo supera todas las dudas posibles que pudieran darse alrededor de sus lecciones. Equivaldría a la forma explícita con la que los niños se dijeran, una y mil veces “si él lo dice, por algo será”.

- El entrenador debe reconocerse, ante todo, como un educador sobre cuyos hombros descansa la tarea apasionante de poner a un grupo de niños en contacto con el mundo a través del fútbol, y de permitir que todas las vivencias y las experiencias que esos niños vayan acumulando configuren su propia cultura.

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