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La preparación física según la edad del futbolista.

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ASPECTOS GENERALES A TENER EN CUENTA EN EL ENTRENAMIENTO DE LA PREPARACIÓN FÍSICA SEGÚN LA EDAD DEL FUTBOLISTA

Partiendo del principio de que el niño no es un adulto pequeño. Debemos adoptar esta filosofía de trabajo desde los primeros instantes en que el jugador se incorpora a las filas de nuestro equipo.

Sus características fisiológicas, anatómicas, psicológicas no se asemejan a las capacidades de un adulto y por tanto merecen un cuidado especial, tanto en lo referido a la calidad como a la cantidad de repeticiones que puede realizar en una sesión de entrenamiento.

Entre otras cosas, el volumen de entrenamiento y la intensidad del mismo deben ser adaptados a las características individuales de cada uno de los integrantes del equipo, atendiendo a la heterogeneidad de capacidades que se pueden encontrar en estas edades.

a.- Principales características de la maduración motriz en los jugadores de 10 a 12 años (etapa pre-puberal y de iniciación deportiva):

Debido a que el crecimiento es más lento que en la etapa anterior, y que los músculos se desarrollan, la coordinación mejora notablemente, tanto la dinámica general como la específica (óculo-mano, óculo-pié, óculo-cabeza) e igualmente mejora la fuerza.

Responden mejor a los esfuerzos de resistencia porque el aparato circulatorio y respiratorio alcanza mejores condiciones y la recuperación después del esfuerzo es relativamente rápida.

En consecuencia el jugador en esta etapa es apto para la práctica deportiva, incluidos los entrenamientos, partidos y competiciones y motrizmente es capaz de mucho más de lo que suponen los entrenadores.

En resumen:

- El jugador se encuentra en la etapa ideal para la iniciación deportiva.
- El jugador se encuentra en la etapa de maduración más propicia para el desarrollo de las capacidades deportivas.
- El jugador está apto para la enseñanza-aprendizaje de las destrezas del
juego individual y para las tácticas de juego de conjunto.
- El jugador ya puede realizar un trabajo de flexibilidad, de coordinación, de agilidad, de
equilibrio y de relajación.
- El jugador también puede realizar, pero con mucha precaución, un trabajo de fuerza, resistencia y
velocidad.
b.- Principales características de la maduración motriz en los jugadores de 13 a 14 años (etapa puberal y de orientación deportiva):

Se presentan desequilibrios funcionales y aparece un freno al desarrollo de las coordinaciones puesto que los músculos, creciendo a lo largo más que a lo ancho, tienen dificultades para mover las palancas óseas.

La resistencia es menor en relación al crecimiento, por el gran aumento de la cavidad cardiaca y se fatigan fácilmente.

Los defectos posturales son frecuentes.

En consecuencia el jugador en esta etapa es apto para la práctica deportiva, incluidos los entrenamientos, partidos y competiciones pero motrizmente rinde menos de lo esperado de acuerdo con lo alcanzado en la etapa anterior

En resumen:

- El jugador se encuentra en la etapa ideal para poner el énfasis en el entrenamiento técnico y especialmente en lo táctico y en la preparación física de baja y mediana intensidad.

- El jugador ya puede realizar un trabajo de fuerza y de resistencia con cargas bajas y medias y con intervalos amplios de recuperación.

- El jugador también puede realizar un trabajo de velocidad, pero con intervalos amplios de recuperación, pero no es indicado el trabajo de potencia.

- Al finalizar esta etapa debe quedar definida la especialidad deportiva y la posición individual.

EVOLUCIÓN Y FACTORES QUE INFLUYEN EN SU DESARROLLO DE LAS CUALIDADES FÍSICAS SEGÚN LA EDAD DEL JUGADOR:

Uno de los factores que marcarán el posible desarrollo del futuro futbolista ya desde edades tempranas será todo el trabajo físico de base (preparación física general) que debe adquirir. Cuanta mayor base o condición físico- fisiológica adquiera mayores beneficios y cotas de rendimiento podrá alcanzar en su etapa de madurez.

Dicha condición debe adquirirla a través del desarrollo armónico y adecuado a la edad de las capacidades físicas básicas, ya que con ello preparará al organismo para una futura especialización deportiva, con las exigencias que esto supondrá.

El desarrollo de las capacidades físicas básicas con respecto a las edades del futbolista debiera seguir la sucesión siguiente:

A.- EVOLUCIÓN DE LA FUERZA:

El factor fuerza se desarrolla continuamente durante el período de crecimiento y alcanza el máximo nivel durante la tercera década de la vida.

En el niño el trabajo de fuerza será un aspecto a tener en cuenta; tanto si no se estimula (se mermarán sus posibilidades futuras) como si se estimula inadecuadamente (puede representar un peligro en cuanto a lesiones, limitar el crecimiento, etc).

De los 6 a los 10 años, el desarrollo de la fuerza es lento y se mantiene paralelo entre el hombre y la mujer. En torno a los 11 años, aumenta el desarrollo de la fuerza, siendo el del chico mucho más rápido que el de la chica.

Entre los 8 y los 12 años se deben proponer trabajos variados y poco específicos, fundamentados en juegos de empuje, tracción, arrastres, luchas, desplazamientos en cuadrupedia, trepas, reptaciones, lanzamientos de todo tipo y transportes de objetos no excesivamente pesados.

De los 12 a 14 años, no hay incremento sustancial de fuerza, sólo el ocasionado por el crecimiento en longitud y grosor de los huesos y músculos. El futuro futbolista deberá basar el trabajo de desarrollo de la fuerza mediante trabajos por parejas y auto cargas.

 De los 14 a 16 años, tiene lugar un incremento acentuado del volumen corporal, primero en longitud y luego en grosor, lo que supone un alto incremento de la fuerza muscular, hasta casi un 85% de la fuerza total. Será la edad indicada para el trabajo de sobrecargas con pesos ligeros, balones medicinales, etc.

De los 17 a 19 años, se completa el crecimiento muscular hasta el 44% de la masa corporal de un individuo adulto. Es la edad ideal para la iniciación del trabajo con pesas (pesos no máximos).

En todo momento debe tenerse en cuenta que el trabajo de fuerza debe ir encaminado a el aumento de la potencia, factor importantísimo en el fútbol.

De los 20 a los 25 años, se mantiene el nivel de fuerza. A partir de esta edad y hasta los 30 años, se obtiene el máximo % de fuerza en ambos sexos. Será necesaria la realización de ejercicios específicos de los diferentes grupos musculares, tanto para el trabajo de la fuerza general como de la específica.

Tras sobrepasar los 30 años, la fuerza sufre un descenso paulatino, frenado únicamente con trabajos físicos adecuados de mantenimiento.

B.- EVOLUCIÓN DE LA RESISTENCIA:

Es un hecho constatado que la resistencia aumenta, de forma más o menos constante, a lo largo de la infancia y la adolescencia, y que representa un factor de primer orden en el mantenimiento de la salud.

Desde edades muy tempranas el organismo está preparado (tanto a nivel cardio- respiratorio como metabólico), para poder realizar trabajos en busca de la mejora de la resistencia aeróbica.

Cuanto antes se pueda comenzar dicha labor será mucho mejor para el desarrollo posterior.

Recordamos que la resistencia anaeróbica es una capacidad fundamental para el futbolista, pero es una cualidad poco propicia para el desarrollo en las primeras edades e incluso un exceso de trabajo anaeróbico puede suponer un peligro para el propio desarrollo biológico.

La actividad anaeróbica sufre una aceleración importante en la pubertad. Esta es la edad más adecuada para el inicio y el desarrollo de este tipo de resistencia. 

La entrenabilidad de la tresistencia aeróbica aumenta considerablemente a partir de los 8 años por la posible hipertrofia del músculo cardíaco. Hasta los 10 años debe realizarse un tratamiento integrado de la resistencia, fundamentalmente por métodos naturales- continuos, en el conjunto de las  actividades físicas, evitando su preparación específica la resistencia aeróbica.

A los 8-9 años se produce un aumento significativo en el rendimiento del niño, a los 11 años un relativo estancamiento y en torno a los 13 años se comprueba que los chicos experimentan un gran aumento, mientras que las chicas no solo no la aumentan, sino que en muchos casos se estancan. Por tanto, los chicos poseen mejores requisitos para el entrenamiento de la resistencia en estas edades.

De los 15 a los 17 años, la capacidad de resistencia aumenta considerablemente, alcanzándose niveles máximos de resistencia aláctica. En torno a los 20 años será cuando el individuo esté preparado para realizar esfuerzos intensivos, que supongan la mejora de la resistencia anaeróbica láctica, ya que el organismo estará más preparado para tolerar la acumulación de lactato.

Entre los 20 y 30 años, tenemos la fase de mayor capacidad, tanto para esfuerzos aeróbicos como anaeróbicos. De los 30 años en adelante, la resistencia comienza a decaer, aunque más lenta que la fuerza y la velocidad. En estas edades, con un trabajo adecuado se puede mantener a niveles muy altos.

C.- EVOLUCIÓN DE LA VELOCIDAD:

Es necesario comenzar el desarrollo de la velocidad en un intervalo de años muy determinado, de tal forma que si no se desarrolla en el momento oportuno no se podrá desarrollar posteriormente hasta límites óptimos.

El entrenamiento de la velocidad puede iniciarse en edades tempranas, en especial la velocidad de reacción. Los niveles de velocidad van en aumento llegando a alcanzarse los valores máximos alrededor de los 19 a 24 años.

Es fundamental el desarrollo armónico de la velocidad gestual y de la velocidad con balón, esta se deberá ir adecuando al resto del trabajo. 

De los 3 a los 8 años no debemos incidir directamente sobre la velocidad. El carácter lúdico explosivo de los movimientos a esta edad va a favorecer la práctica de acciones que mejorarán el desarrollo posterior de esta cualidad.

De los 6 a los 9 años, se produce un incremento de la velocidad. Los movimientos acíclicos se completan y la frecuencia motriz mejora notablemente. Se puede conseguir una gran mejora de la frecuencia y de la velocidad de movimiento.

De los 8 a los 10 años, es un período sensible para iniciar el desarrollo de la velocidad de reacción de ambos sexos. Se propone el método de relevos y juegos.

De los 9 a los 11 años, existen niveles de coordinación satisfactorios que favorecen el desarrollo de factores como la frecuencia y la velocidad gestual, aunque con carencia de fuerza.

De los 10 a los 12 años se mantienen las características del período anterior, y aparece la fase sensible para la mejora de la velocidad frecuencial y de movimiento en ambos sexos (fuerza- explosiva y fuerza- velocidad). Los tiempos de latencia y de reacción se van disminuyendo hasta aproximarse a valores de adulto.

En torno a los 11 y 12 años, es un buen momento para la realización de tareas motrices específicas de velocidad.

De los 12 a los 14 años, la fuerza adquiere índices mayores y se dan importantes diferencias en la coordinación, también llamada “torpeza adolescente”, algo que limita la velocidad.

De los 14 a los 16 años, se adquiere la máxima frecuencia gestual de forma que se igualan los tiempos de reacción a los adultos. El sistema anaeróbico láctico y la fuerza muscular se acercan al momento adulto (80%) por lo que es una buena etapa para la detección de talentos en pruebas que precisen máxima velocidad de reacción. A partir de los 14 años se debe enfocar el trabajo a ejercicios de fuerza-velocidad y a partir de esta etapa los métodos de entrenamiento son iguales que los de los adultos pero con un menor volumen.

A los 17-18 años se alcanza el 95% de la velocidad máxima, mejora notablemente la velocidad cíclica y el sistema anaeróbico se encuentra al 90%.

A partir de esta edad se estabiliza el desarrollo de la velocidad y en torno a los 25 años comienza a bajar si no se mantienen los entrenamientos de dicha capacidad.

D.- EVOLUCIÓN DE LA FLEXIBILIDAD:

La falta de desarrollo de la flexibilidad ha supuesto desde siempre uno de los puntos negros del entrenamiento de los futbolistas, seguramente por el desconocimiento de la gran importancia que tiene dicha capacidad para el desarrollo general y específico del futbolista.

Las cualidades físicas básica evolucionan y aumentan sus valores desde el nacimiento hasta la tercera o cuarta década de vida, en cambio la flexibilidad es la única que involuciona, es decir, sus valores mayores son en las edades tempranas y a medida que pasa el tiempo sus decrecen sobre todo a partir de los 30 años. Por ello es fundamental comenzar el trabajo lo más pronto posible.

La máxima flexibilidad se encuentra en la infancia, aunque también hay un cierto apogeo al inicio de la etapa puberal, más concretamente, alrededor de los 10-12 años y después se va perdiendo progresivamente.

En las primeras etapas del futbolista normalmente se asocia la flexibilidad al calentamiento y la vuelta a la calma. Aunque los métodos más recomendables para estas edades son los activos por su carácter más dinámico, lúdico y por fomentar el control muscular (si se realizan correctamente), se pueden aplicar métodos estáticos en la vuelta a la calma para la relajación y la disminución del tono muscular.

Por ello esta es una cualidad cuyo inicio en el trabajo es temprano, se puede realizar con niños pequeños, se puede trabajar a diario en sesiones especificas o como parte de los calentamientos o periodos de recuperación en la parte principal o vuelta a la calma de un entrenamiento y también debemos tener en cuenta que las mujeres presentan mayores valores de flexibilidad  que los hombres.

Hasta los 6 años, el aparato locomotor se caracteriza por su gran elasticidad, estando indicadas las actividades globales, de movimientos básicos que le permitan ejercer libremente su motricidad.

De los 6 a los 12 años, el descenso no es muy importante, pero justamente a partir de esta edad, a causa de los cambios hormonales y el crecimiento antropométrico tan acentuado, se producen una serie de cambios en la extensibilidad, hasta entonces mantenida, abriéndose un punto de ruptura en la progresión de la flexibilidad, ya que se acentúa su regresión. A partir de esta edad, el descenso dependerá mucho de la actividad del sujeto y de su particular constitución.

Entre los 6 y los 8 años se sugiere recurrir a las formas jugadas y entre los 9 y los 10 años los recursos principales pasan a ser los ejercicios construidos y las destrezas. El niño  ya puede mantener una posición en forma estàtica y se introduce cuidadosamente el trabajo por parejas. Hasta los 10 años se puede decir que la pérdida de flexibilidad que experimenta el cuerpo humano es prácticamente nula.

A partir de los 11 años se comienza a perder flexibilidad de manera notoria, esta pérdida se puede retrasar si se ha trabajado antes con movimientos tanto pasivos como activos en la totalidad de las articulaciones. Será una edad óptima para el desarrollo de dicha capacidad ya que posteriormente (con más edad) será muy difícil poder alcanzar resultados claramente favorables.

Entre los 11 y los 14 años se pueden implementar todas las formas de trabajo, métodos y técnicas para el desarrollo de la flexibilidad, trabajando en función de los gestos cotidianos y el entrenador debe encontrar allí la materia prima para seleccionar sus ejercicios. Conviene combinar trabajos de soltura, movilidad y estiramiento.

En definitiva, la flexibilidad es una capacidad que sigue un proceso natural de involución, si no se le presta cierta atención, ésta sufrirá un empeoramiento paulatino. Se deben evitar brusquedades e hiperextensiones y garantizar unas condiciones seguras de trabajo. Todo lo que no se trabaje será tiempo perdido con respecto a dicha capacidad.

E. EVOLUCIÓN DE LA COORDINACIÓN:

Esta es una capacidad ante la cual nunca es pronto para comenzar a trabajar en su desarrollo.

En estas primeras edades, puede resultar muy importante el trabajo de la coordinación dinámica general con el objetivo del aprendizaje y mejora de las diferentes formas de desplazamiento (andar hacia delante, andar hacia atrás, correr, etc.).

Al mismo tiempo surge la necesidad de comenzar a relacionarse con objetos y por ello de la necesidad de la coordinación segmentaria- táctil- visual (apretar, soltar, tirar, recoger, etc).

Por último y también como consecuencia de la propia actividad humana surge la necesidad del desarrollo de cualidades coordinativas más complejas (saltar, mantener el equilibrio, subir escaleras, bajar escaleras, conducir o transportar objetos, etc.), tanto a nivel intramuscular como a nivel intermuscular.

Será desde el comienzo a dar las primeras patadas y durante estos primeros años futbolísticos (aproximadamente a partir de los 6, 7 años) cuando se conseguirán unos resultados sorprendentes en cada trabajo de coordinación gestual con y sin balón.

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